24/5/19

Mester de Clerecía

Se llama mester de clerecía al género de poesía narrativa cultivada por clérigos, en oposición al "mester de juglaría", que era cultivado por los juglares o cantores populares.
Los autores de este período son no sólo clérigos, cómo parecería indicar su denominación, sino también letrados y eruditos, que no pertenecían a la iglesia, pero que eran doctos y sabían latín, y cuya ilustración la habían recibido, por otra parte en los conventos o monasterios, únicos centros donde se habían refugiado las artes y las ciencias en esta época.
El origen de estos poemas del "mester de clerecía" estuvo posiblemente en la gran difusión que disfrutaban los cantares de gesta y el prestigio popular que alcanzaban los seres cuyas hazañas narraban en los mismos. Los clérigos -eclesiásticos u hombres letrados- que tenían facilidad para versificar, tomaron a los santos -casi siempre los del lugar- o la vida de Jesús y la Virgen, como tema para sus creaciones, en el deseo de reemplazar con ellos a los héroes guerreros cuyas vidas eran conocidas y exaltadas por todos.
El "mester de clerecía" nace con Gonzalo berceo a principios del siglo XIII, y llega hasta fines del siglo XIV.
Sus características más importantes son: 
a) su índole narrativa (vidas o hechos de Santos) 
b) su propósito moralizador y didáctico 
c) la preocupación que revelan los autores por la forma cuidada y bella en oposición a la tosquedad e imperfección del "mester de juglaría"

Los poemas de este género presentan como característica la estrofa de cuatro versos alejandrinos monorrimos llamada de tetrastrofo alejandrino monorrimo o cuadernavía. Los versos están, por lo general, bien medidos y constan de dos hemistiquios de siete sílabas cada uno, separados por una cesura. La repetición de estas estrofas, a lo largo de poemas de extraordinaria extensión, resultaba sin duda monótona, y se prestaba a caer en frecuentes ripios.


Mester traigo fermoso, non es de joglaría
mester es sin pecado, ca es de clerezía
fablar curso rimado por la cuaderna vía
a sílabas cuntadas, ca es grant maestría.

Libro de Alexandre, vv. 5-8.

15/3/19

Apuntes y notas con método Cornell

El método de apuntes Cornell es un formato para organizar visualmente y de modo condensado grandes cantidades de información.
Este sistema no sólo funciona para la escuela, también se puede usar para la toma de notas cuando se realiza una investigación o proyecto.
Cornell te permite analizar la información con mayor facilidad, pues se encontrará narrada en tus propias palabras, por lo que se memoriza mejor; en el caso de las investigaciones, te permite distinguir con mayor facilidad las ideas de tu autoría de aquellas recolectadas de otro autor.



13/3/15

Literatura y Sociedad

La comunicación es un hecho complejo por lo que la riqueza y diversidad de géneros discursivos usados por el ser humano en los distintos ámbitos sociales es inmensa.
Todos los hablantes de una lengua disponen de un rico repertorio de géneros discursivos orales y escritos: un diálogo, un examen escrito, las instrucciones de un juego, un correo electrónico. Pero existen, también, muchos géneros discursivos vinculados a alguna actividad específica, por lo mismo no son accesibles a todos los hablantes. Para participar activamente de un congreso de ciencias, por ejemplo, el hablante necesitará tener una serie de conocimientos previos, manejar un léxico determinado y contar con una cierta experiencia del área para poder interactuar en esa situación.

¡Arriad el foque!

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad el estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entre tanto la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.
Ana María Shúa, en Por favor sea breve, edición de Clara Obligado, Páginas de Espuman, España, 2001


El teórico ruso Mijail Bajtin caracteríza los géneros discursivos en primarios y secundarios. Los primarios son aquellos que enmarcan la oralidad y son generalmente sencillos e informales: el diálogo cotidiano, la anécdota, la carta, entre otros. Los secundarios, de mayor complejidad, surgen de una comunicación cultural más compleja, principalmente escrita, y pueden absorber a los discursos primarios y utilizarlos con otros fines. Entre los géneros secundarios se encuentran la novela, el ensayo, la crónica periodística, etc.
La literatura muchas veces adopta la forma de otro género; por ejemplo en cuento escrito como si fuera una carta. El lector, entonces, debe reconocer al texto como literario y, a su vez, reconocer cuál es el género que se está reelaborando.  

Tolerancia



Son tantas las puertas que abre la tolerancia que, ante todo, deberíamos coincidir en que se trata de ser flexible y tener apertura ante la diversidad. Tolerar es aceptar que alguien sea, piense, sienta y haga distinto de lo que uno hace, de lo que nosotros hacemos. Tolerar es aprender a convivir, incluso con lo que uno no comparte o desaprueba. Sin embargo, tolerar no es resignar ni vivir sumiso a las creencias, sentimientos o principios de los otros. Las reglas básicas de tolerancia corren para todos por igual. Tolerancia es respeto mutuo, libertad, democracia, compromiso, conciliación, solidaridad. Frente al desacuerdo o la diferencia, ¿quién tiene la verdad?, ¿quién dice lo que debería ser? No hay verdades absolutas, sólo leyes o códigos, hombres mediante, que pueden llegar a establecer cierto orden y armonía o reparar el error o daño eventual.

En el lenguaje técnico o industrial, cuando se habla de tolerar se hace referencia al margen de error admisible. Si bien no somos máquinas, vale preguntarnos ¿hasta dónde o cuánto somos capaces de tolerar?, ¿cuándo aparece en nosotros la intolerancia?

Así como hay límites y reglas universales o propios de una cultura, signados por el respeto hacia las ideas, creencias o prácticas diferentes o contrarias a las propias, cada quien maneja, como puede, la regulación de su termostato emocional. No está de más tomarnos la presión y registrar y alistar qué es lo que realmente no toleramos y cuánto somos capaces de flexibilizar a diario cada situación.

La tolerancia, así como el optimismo, predispone positivamente el funcionamiento del sistema inmunológico y mejora el ánimo y la salud. Por lo pronto, reduce los niveles de estrés y ansiedad. Tolerar es una invitación a dejar de lado la obsesión, a dejar de correr detrás del ideal de perfección, de los caprichos del consumo y de la histeria de la moda; a dejar de querer controlar o tener todo (o casi todo). Aprender a tolerar es reconocer que la intolerancia, como diría Freud, es la expresión de un narcisismo que aspira a autoafirmarse, así como los resabios de esa agresividad primaria e instintiva del hombre. Tolerancia es evitar toda y cualquier tipo de violencia.

Que tolerar no se confunda con soportar ni terminar pagando un alto precio por aquello que en nada se parece a lo que profundamente deseamos para nosotros. Es tan importante tolerar como saber decir basta, de la manera más saludable posible para todos.

La tolerancia nos ayuda a evitar o atemperar el efecto cascada del enojo y la ira. Cuántas guerras se libraron por culpa de la intolerancia. Cuántas relaciones terminaron por no identificar qué, cómo y cuánto es lo que debían aprender a escucharse, dialogar, revertir o conciliar. No por nada, siempre, de manera equitativa, alguien tiene que ceder.

La tolerancia, y todas sus llaves, se enseñan desde la primera edad. La tolerancia es contagiosa, establece patrones de conducta, estilos de personalidad y de relación. Es la base de un hogar libre y saludable. ¿Hasta dónde nuestros hijos son lo que pretendemos? ¿Hasta dónde son únicamente lo que podemos llegar a tolerar? ¿Hasta dónde nos permitimos ser lo que nuestros padres esperan o toleran de nosotros? ¿Cuánto aceptamos los unos de los otros? ¿Cuánto dialogamos? ¿Cuánto valoramos la mesa familiar, seamos cuántos seamos? ¿Cuánto sabemos agradecer y perdonar?

Gandhi diría: "Si respondemos ojo por ojo lo único que conseguiremos será un país de ciegos"

* Eduardo Chaktoura psicólogo y periodista. http://blogs.lanacion.com.ar/bienvividos



Cuestionario:
1- a) Relevar al menos tres conceptos de tolerancia que se desprenden del texto
b) ¿Qué efectos positivos trae consigo la actitud de tolerancia.

2 - Releer el séptimo párrafo. Responder en forma individual al tercer interrogante planteado.
3 - Los interrogantes siguientes plantean la relación con los otros integrantes de la familia y con la sociedad. Qué acciones concretas llevamos adelante en forma cotidiana para ser tolerantes en familia? y en sociedad?

4 - Explicar con palabras propias la cita final de Gandhi. 




La mitología clásica

Cuando hacemos referencia a "lo clásico", nos remontamos a las características filosóficas, artísticas, científicas, religiosas y políticas de la Antigüedad de Grecia y de Roma, que influyeron en el modo occidental de representar el mundo. 
Nuestro conocimiento sobre los dioses griegos proviene de su mitología, es decir del conjunto de mitos o relatos sagrados sobre el origen y misterios del mundo, las divinidades y los héroes. Los griegos creían en muchos dioses, es decir, eran politeístas. Sus divinidades eran seres sobrenaturales con poderes especiales, que encarnaban las distintas fuerzas de la naturaleza. Vivían, en su mayoría, en la cima del monte Olimpo bajo el dominio de Zeus, a quien los griegos consideraban el padre de los dioses y de los hombres


Las primeras obras de la mitología clásica completas que han llegado hasta nosotros, escritas alrededor del siglo VIII a.C., son la Ilíada y la Odisea, narraciones en verso atribuidas al poeta Homero, y la Teogonía del historiador Hesíodo. Sin embargo, a lo largo del tiempo han perdido su valor sagrado y hoy solo las leemos como relatos de ficción.